México se convierte en refugio de una nueva ola migratoria desde África y Asia
Por décadas, México ha sido un país de tránsito para quienes huyen de la violencia, la pobreza o la persecución, buscando alcanzar el sueño americano. Pero esa realidad está cambiando. Hoy, personas originarias de países tan lejanos como Camerún, India, Bangladesh y Somalia ya no ven a Estados Unidos como su única meta: quieren quedarse en México.
Este giro en la dinámica migratoria fue advertido por Alberto Xicoténcatl, director de la Casa del Migrante en Saltillo, quien señala que esta nueva tendencia ha comenzado a consolidarse principalmente en el sur del país, donde miles de personas están solicitando refugio directamente en territorio mexicano.
“Antes veíamos a migrantes de Asia o África cruzar el país rápidamente. Hoy, llegan a Chiapas y empiezan su trámite de asilo aquí mismo”, explica el activista.
Sin embargo, este cambio no ocurre en el mejor momento. En medio de una crisis presupuestaria y política, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) —el organismo encargado de procesar las solicitudes de asilo— podría desaparecer. El Congreso federal no asignó fondos para su operación este año, y desde el Ejecutivo ya circula una iniciativa para desmantelarla por completo.
La COMAR, que durante años ha operado con apoyo económico de organismos internacionales como ACNUR, hoy trabaja apenas con una quinta parte de su presupuesto original, luego de que Estados Unidos retirara su financiamiento.
“Estamos viendo el colapso de la institución que debería garantizar el derecho al refugio”, señala Xicoténcatl con preocupación. “Y lo que se propone es que el INM, una institución sin credibilidad entre la población migrante, tome su lugar”.
Para organizaciones civiles y defensores de derechos humanos, esto representa un retroceso alarmante. El Instituto Nacional de Migración, dicen, no tiene ni la estructura, ni el enfoque legal necesario para asumir esta responsabilidad. Dejarle en sus manos el futuro de decenas de miles de personas sería —afirman— una violación al debido proceso y a los derechos internacionales que México ha suscrito.
Los números hablan por sí solos. En los últimos cinco años, más de 500,000 personas han solicitado refugio en México. Y la cifra podría seguir creciendo. La inestabilidad en países centroamericanos, sumada ahora a la llegada de migrantes extracontinentales, empuja al país hacia una nueva realidad: México ya no es solo una ruta de paso, es también un refugio buscado.
Pero, sin instituciones sólidas ni políticas claras, esa transformación podría convertirse en una crisis humanitaria.
“El Estado mexicano tiene dos opciones: fortalecer su capacidad de respuesta o voltear la cara”, concluye Xicoténcatl. “Y si elige lo segundo, miles de vidas quedarán a la deriva”.

