marzo 7, 2026

Piñatas “Carrusel”: 50 años de tradición familiar

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En la esquina de La Fragua y Corona, en la zona centro de Saltillo entre montones de cartón, picos de colores y el aroma a engrudo fresco, Pedro Alejandro Sánchez Valverde vive su mejor época del año: la temporada fuerte de las piñatas Carrusel, su taller y negocio familiar, donde diciembre significa trabajo, familia y tradición.

“Diciembre es lo bueno para nosotros, primeramente Dios”, dice Pedro con una sonrisa que deja claro que el cansancio no supera la gratitud. Y no es para menos: este año ha tenido una demanda tan alta que ya consumió dos toneladas de cartón, lo equivalente a más de dos mil piñatas, y eso que todavía falta lo más intenso del mes.

El taller es un ir y venir de manos: primos, sobrinos, tíos… todos metidos en el mismo ritmo. “Bendito sea Dios que sí, contratamos gente, pero sobre todo somos familia. Aquí entre todos nos echamos la mano”, cuenta mientras observa cómo una joven arma un globo y otro chavo prepara un cono. Él calcula que armar una piñata de estrella le toma apenas cinco o siete minutos, siempre que las piezas estén listas.

Los precios, dice, están pensados para todos los bolsillos. La más barata ronda los 150 pesos, la más cara llega a 300, y luego está la joya de la casa: la “mega estrella”, una piñata monumental que puede llevar cinco, diez o hasta catorce picos. “Esa es la familia, así le llamamos nosotros”, dice orgulloso. Su precio: 1,300 pesos, hecha al gusto del cliente.

Y sí, las piñatas vienen “con su hoyito para la colación”, aunque Pedro recuerda que las antiguas de barro ya casi no se piden: “Es peligroso, ahorita ya están prohibidas”.

De octubre a enero: una carrera contra el tiempo

Pedro empezó la temporada desde octubre, cuando le llegaron pedidos grandes de 100, 150 y hasta 200 piezas. El trabajo sigue hasta el 1 de enero, y todavía un poquito más: un 5 o 6% de pedidos adicionales para Día de Reyes.

Este año ya le han pedido figuras navideñas como Santa Claus, e incluso “el gris”, una figura que a estas alturas apenas comienza a ponerse de moda entre los clientes.

Un taller siempre abierto

Para quienes buscan piñata de último minuto, Pedro tiene la solución: abre de 8 de la mañana a 10 u 11 de la noche, de lunes a domingo, sin descanso. “Por si hay posadas tarde y ya no tienen tiempo, pueden pasar aquí directo por su piñata”, invita.

Con más de dos décadas de tradición familiar, Piñatas Carrusel no solo es un negocio: es un punto de encuentro donde la creatividad, la unión y la fe se mezclan en cada estrella de colores. Y Pedro lo sabe: “La gente ya sabe que aquí es buen trabajo y a buen precio”.

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