marzo 7, 2026

En un país donde la seguridad suele convertirse en botín de la confrontación política, resulta refrescante —y necesario— reconocer cuando los gobiernos deciden hacer a un lado la grilla para concentrarse en lo verdaderamente importante: proteger a la gente. Eso es justamente lo que hoy se observa en la coordinación entre Omar García Harfuch y el Gobierno de Coahuila, una relación institucional que ha puesto por delante el blindaje del estado por encima de colores partidistas.

Desde la Federación, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana ha entendido que Coahuila no es un territorio más en el mapa nacional, sino una entidad estratégica que durante años ha apostado por un modelo de seguridad basado en la prevención, la inteligencia y la coordinación entre órdenes de gobierno. Y desde el ámbito estatal, la administración que encabeza Manolo Jiménez Salinas ha dejado claro que la seguridad no se politiza: se trabaja, se cuida y se defiende.

La relación con García Harfuch ha sido, en ese sentido, un mensaje contundente. No se trata de discursos para la foto ni de reuniones protocolarias sin fondo. Se trata de una comunicación constante, de intercambio de información, de respaldo operativo y, sobre todo, de respeto a una estrategia local que ha dado resultados. Coahuila no improvisa en materia de seguridad y la Federación, en esta etapa, ha optado por sumar en lugar de estorbar.

En tiempos donde algunos actores buscan sacar raja política del miedo o del conflicto, Coahuila ha decidido caminar por otra ruta: la de la responsabilidad institucional. Aquí no se regatea la coordinación ni se condiciona el trabajo conjunto a afinidades ideológicas. El objetivo es claro y compartido: mantener al estado blindado y preservar la paz social que tanto ha costado construir.

Al final, la ciudadanía no evalúa a los gobiernos por sus pleitos, sino por sus resultados. Y cuando la Federación y el estado se alinean con seriedad, sin estridencias ni protagonismos, se envía una señal poderosa: que la seguridad sí puede ser un terreno de acuerdos, incluso en un país acostumbrado a la polarización. Coahuila, hoy, es ejemplo de que cuando se gobierna con visión y carácter, la coordinación no solo es posible, sino indispensable.

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