Presentan en el Museo del Desierto el hallazgo de un nuevo dinosaurio carnívoro descubierto en Coahuila
Este martes 13 de enero, en el Museo del Desierto, fue presentada oficialmente la investigación que documenta el descubrimiento de un nuevo dinosaurio carnívoro: Xenovenator espinosai, una especie que habitó el norte de México hace aproximadamente 74 millones de años, durante el Cretácico Tardío. El estudio estuvo a cargo del director de Paleontología del MUDE, el doctor Héctor Rivera-Sylva, y fue publicado recientemente en la revista científica internacional Diversity.
El fósil fue localizado en el estado de Coahuila, dentro de rocas pertenecientes a la Formación Cerro del Pueblo, una de las unidades geológicas más importantes del país por su riqueza paleontológica. Esta formación, con una antigüedad cercana a los 74 millones de años, ha sido fundamental para comprender la diversidad de dinosaurios que habitaron la región. La investigación fue desarrollada por un equipo internacional encabezado por especialistas del Museo del Desierto y la Universidad Humanista de las Américas, en colaboración con la University of Bath, del Reino Unido.
El estudio se basa principalmente en un endocráneo excepcionalmente bien preservado, acompañado de material craneal adicional correspondiente al menos a tres individuos distintos, lo que permitió identificar una combinación única de rasgos anatómicos. Gracias a estas características, los investigadores determinaron que Xenovenator espinosai pertenece a la familia Troodontidae, un grupo de dinosaurios terópodos pequeños a medianos, altamente especializados y estrechamente relacionados con el origen evolutivo de las aves.
Con base en comparaciones anatómicas con otros troodóntidos, se estima que Xenovenator alcanzaba poco más de tres metros de longitud y un peso aproximado de entre 150 y 200 kilogramos, lo que lo sitúa entre los miembros de mayor tamaño dentro de su grupo. Los análisis del endocráneo sugieren que se trataba de un dinosaurio de hábitos nocturnos, con un comportamiento similar al de los búhos actuales, apoyado en una visión y un sentido del oído altamente desarrollados.
Los troodóntidos se caracterizan por poseer cerebros relativamente grandes en proporción a su tamaño corporal, lo que indica comportamientos complejos. Su dentición finamente serrada sugiere una dieta especializada u oportunista; en el caso de Xenovenator espinosai, se alimentaba principalmente de presas pequeñas, a las que cazaba con gran precisión gracias a sus sentidos agudos.
Asimismo, Xenovenator presenta una morfología craneana altamente diagnóstica que lo distingue de otros troodóntidos conocidos. Sus afinidades anatómicas con especies asiáticas aportan nuevas evidencias de intercambios faunísticos entre Asia y Norteamérica durante el Cretácico Tardío, un periodo caracterizado por conexiones intercontinentales y una notable diversificación de dinosaurios carnívoros.
“El descubrimiento de Xenovenator demuestra que el registro fósil mexicano aún guarda una diversidad significativa por descubrir, incluso en grupos relativamente bien estudiados como los troodóntidos”, señaló el doctor Héctor Rivera-Sylva durante la presentación. Añadió que este fósil amplía el entendimiento sobre la distribución geográfica y la evolución de los pequeños dinosaurios carnívoros en Norteamérica, y confirma que México fue una región clave en estos procesos evolutivos.
El nombre Xenovenator espinosai hace referencia a su carácter inusual —“extraño”— y a su condición de depredador, mientras que el epíteto específico honra a Luis Espinosa, paleontólogo pionero en el estudio de los dinosaurios en México y mentor de numerosas generaciones de paleontólogos.
Además de su importancia taxonómica, el trabajo analiza las implicaciones funcionales de su cráneo, comparándolo tanto con otros dinosaurios como con animales actuales, lo que permite explorar hipótesis sobre el comportamiento, la biomecánica y la ecología de este depredador que habitó lo que hoy es el norte de México.

