julio 1, 2026

Áyax y los soldados contra el crimen y el narcotráfico

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CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los soldados ejercen una violencia indiscriminada hacia la población civil y criminal. La dificultad de distinguir, discernir, y el conflicto y aceptación frente a la obediencia de la jerarquía castrense, se muestra con claridad y espanto en la propuesta escrita y dirigida por Sergio López Vigueras en Áyax: cuando un soldado dispara

El universo contemporáneo de nuestro México se espejea con Áyax, el personaje griego de la guerra de Troya. El príncipe de Salamina, héroe trágico que lucha con toda la violencia de la que es capaz, y que es despojado -injustamente, a su parecer- de la armadura de Aquiles después de su muerte, para entregársela como trofeo a Odiseo. La realidad de este personaje puntualiza los conceptos del guerrero, del deshonor y la ceguera violenta que se ejerce en la guerra. Áyax enloquece y es castigado por la diosa Atenea por nunca pedir auxilio de las divinidades, mata un rebaño de ovejas, creyendo que eran jefes griegos de los que se sentía traicionado. Este arrebato, por las razones que fueran, se refleja igualmente en los soldados, que sin ver y obedeciendo órdenes, matan sin tener la claridad de a quién y por qué. 

La formación de un soldado se ve en Áyax: cuando un soldado dispara, desde el momento en que empiezan por luchar orgullosamente por su nación hasta quedar sólo la obediencia y la deshumanización. Matar a quien se les ordena, encender una fogata para incinerar un cuerpo, vigilar, cercar e irrumpir en una vivienda para aniquilar. Este proceso se materializa en dos soldados a través de distintas situaciones dramáticas, para constatar que pueden matar a un soplón, a unos adolescentes en moto que después saben que son inocentes, o a una familia entera, con mujeres y niños. 

Es de una acertada complejidad la estructura dramática que el autor propone y que visualizamos en los diferentes niveles, tanto del espacio escénico como del texto. El desarrollo del actuar de estos dos soldados, interpretados por Federico Zapata y Tony Corrales, corre en paralelo del transitar, como si fuera un bucle dramático, de una niña, interpretada por Paulina Álvarez, que con su caballito de cartón canta, juega y corre por el escenario a lo largo de la obra. 

En otro plano de realidad está Áyax, un personaje mítico que ha pasado a la historia como un héroe tratado injustamente que llega al suicido. Áyax, interpretado por Raúl Villegas, reflexiona sobre la guerra y los acontecimientos que le sucedieron, y narra en presente la atrocidad, los desafíos y los asesinatos que comete. Sus gritos de guerra y de lucha resuenan con una ambientación sonora de José Miguel Delgado y el tono alto y desgarrado es brutal. Escuchamos moscas e imaginamos múltiples cadáveres y gritos y lucha. 

Imaginamos el duelo a espadazos contra Héctor por un día y otro día completo, el cargar el cuerpo de Aquiles y el matar a todo un rebaño. Todo lo escuchamos y sentimos con una frialdad que el texto propone al entrar y salir constantemente de la situación dramática planteada. Hasta un perro, que interpreta Jorge Ríos, además de otros personajes, al narrar la barbarie de la que es víctima. 

Los actores logran un tono compartido, matizado y contrastante, estridente o calmado, violento o inocente. Van juntos en esta propuesta y su trabajo de gran calidad contiene un caleidoscopio de comportamientos y reacciones, como la compleja realidad. 

El espacio escénico, diseñado por Abigail Cinco e iluminado por María Vergara, optimiza los espacios del teatro, y hay escenas en la parte de arriba del foro. Abajo los personajes se mueven en plataformas de distintos tamaños y alturas, y en los extremos contantemente hay proyecciones o actividades con videojuegos (en la actualidad hay varios videojuegos de estrategia con el personaje de Áyax). En el tramo izquierdo de la pared izquierda, un largo telón rojo como de charol, que a momentos nos transmite el chorrear sangre y en él se proyectan sobre rojo (sin que sea necesario y resulte hasta incómodo) diferentes imágenes que casi ni se distinguen. 

Hasta el título de la obra Áyax. Cuando un soldado dispara, refleja ese momento en el que se decide ejercer la violencia y que implica cuestionar el por qué sucede; el antes y el después, el involucramiento del que ejecuta, las implicaciones, la impunidad y el autoritarismo, y muchas otras preguntas acerca de la guerra, la militarización (reforzada y explotada en México en el gobierno de Felipe Calderón) y la presencia de un guerrero griego idealizado y denostado por la historia, pero héroe al fin y al cabo. Cuestiona la guerra contra el crimen organizado y el narcotráfico ejercida por los soldados que obedecen a una jerarquía militar descarnada, violenta, indiscriminada y machista, que merece ser denunciada. 

Áyax. Cuando un soldado dispara, se presenta en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz de la UNAM hasta el 4 de julio, y reinicia temporada del 6 al 29 de agosto. 

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