junio 5, 2026

¿Qué élites va a combatir Sheinbaum?

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A un populista no se le detiene con populismo. Si Claudia Sheinbaum quiere neutralizar el embate de Donald Trump tiene que despojarse del maniqueísmo simbólico que le legó López Obrador, apelar a su formación científica y asirse con todas sus fuerzas al realismo. Esto aplica a dos de los frentes que ha abierto Trump, el crimen organizado y Cuba. Veamos.

El populista capitaliza el enojo de la mayoría social contra una de las élites, la económica, y lo hace extensivo a las demás. No sólo culpa de oprimir y explotar al pueblo a la minoría de ricos sino también a sus cómplices en la cúpula política y, lo más grave, a los notables de la academia y las ciencias. El elitismo en todas sus expresiones es su enemigo. Y lo peor es que a veces la realidad nutre el repudio: en Estados Unidos, por ejemplo, una descabellada teoría conspirativa de un círculo de pedófilos manejado por políticos y empresarios demócratas resultó innecesaria, porque algo similar existió en la isla del magnate Jeffrey Epstein, aunque con participantes de los dos partidos. No excluyó de la concupiscencia a ninguna cofradía privilegiada. Reclutó a presidentes, príncipes, multimillonarios y sí, también académicos y científicos. Conclusión populista: todas las élites son perversas y decadentes.

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