Libertad de Diálogo
Por: Belinda Cortez
La política tiene algo que debería ser innegociable: la congruencia. Y cuando un personaje público decide grabar, editar y subir un video a sus propias redes sociales, difícilmente puede argumentar después que todo fue “sacado de contexto”. Eso fue exactamente lo que ocurrió con la candidata del Partido Verde por el Distrito 12, Areli Flores, quien ahora intenta reducir la polémica por el video donde aparece golpeando aparentemente a su hija, asegurando que todo se trata de “grilla política” y de un simple trend de TikTok.
El problema no es únicamente el video. El verdadero fondo del asunto es la normalización con la que se pretende justificar una acción que generó indignación genuina entre ciudadanos y usuarios en redes sociales. Porque sí, fue ella misma quien decidió publicar ese contenido en internet. Nadie hackeó su cuenta, nadie filtró un video privado y nadie manipuló imágenes ocultas. La grabación fue compartida voluntariamente como parte de una dinámica que, aparentemente, consideró divertida en su momento.
Y ahí es donde la explicación termina siendo todavía más delicada. En lugar de asumir que quizá fue un error subir un contenido de ese tipo, la respuesta fue minimizar el tema, culpar a la “grilla política” y dar a entender que las críticas vienen únicamente de adversarios. Pero no todo cuestionamiento ciudadano puede esconderse detrás del discurso de persecución política. A veces la gente simplemente reacciona ante lo que ve.
Más aún cuando se trata de alguien que busca representar a miles de familias desde un cargo público. La imagen y el comportamiento de quienes aspiran a un puesto de elección sí importan. Y más todavía cuando Areli Flores está próxima a convertirse en mamá por segunda vez, un momento que naturalmente pone todavía más atención sobre los mensajes y actitudes que se proyectan públicamente en torno a la maternidad y la crianza.
TikTok podrá estar lleno de trends absurdos, bromas pesadas y contenido viral que muchas veces cruza límites. Pero una cosa es participar en tendencias y otra muy distinta es pretender que toda crítica desaparezca solamente etiquetándola como “política”. En tiempos donde la violencia infantil y la normalización de ciertas conductas siguen siendo temas sensibles, cualquier figura pública debería entender que las redes sociales no son territorio sin consecuencias.

