Los Galeana, refugio de Sheinbaum para el Mundial lejos de la CNTE y de las madres buscadoras
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– En sigilo, y lejos del cerco que mantiene la disidencia magisterial, así como de los discursos de madres y padres buscadores que intentaron hacer visible ante el mundo su lucha por encontrar a sus hijos y esta crisis que lacera a México, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo disfrutó y celebró lejos de Palacio Nacional el primer partido de la Selección Mexicana en el Mundial 2026.
Durante semanas la mandataria evadió informar dónde acudiría a ver este primer encuentro del Tri ante Sudáfrica.
Lo único que la jefa del Ejecutivo aclaró desde un inicio fue que no acudiría al Estadio Azteca donde hace 40 años, en la anterior Copa Mundial que se vivió en México, fue abucheado el entonces presidente Miguel de la Madrid, cuyo contexto fueron los estragos del sismo de septiembre de 1985 y el mal manejo de la economía.
A diferencia del sexenio de De la Madrid, el gobierno de Sheinbaum se desarrolla en un contexto donde existen al menos 132 mil desapariciones, el control que los cárteles de la droga ejercen sobre comunidades en diferentes partes del país, principalmente mediante la extorsión, y la presión sin precedentes del gobierno de Estados Unidos sobre el de México vía acusaciones contra funcionarios mexicanos por presuntamente estar ligados con el crimen organizado, entre ellos, el actual gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
Todavía dos horas antes de la ceremonia de inauguración en el coloso de Santa Úrsula, la mandataria, pese a la insistencia de la prensa, se reservó el lugar al que acudiría para ver el primer partido de este Mundial 2026. Sheinbaum sólo alcanzaba a decir que aún no sabía y que tenía que estar pendiente de todos los asuntos del país. Al mismo tiempo aseguraba que en México todo estaba bajo control y que la inauguración del Mundial se llevaría en paz y tranquilidad.
Esa “paz” se consiguió tras la encerrona –que no fue pública– entre los secretarios de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, y de Educación Pública, Mario Delgado, con la cúpula de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE; en el discurso oficial se aseguró que al magisterio disidente no se le dio más de lo que se había planteado con anterioridad, pese al amago de los maestros de que no se moverían si no derogaban por completo la Ley del ISSSTE de 2007, es decir, todo relacionado con recursos financieros al magisterio.
Sorpresivamente y de manera inédita la CNTE anunció que se manifestaría de forma pacífica –según dijo la secretaria de Gobernación– y así fue. Un escenario pocas veces visto.
Así, pasaban las horas de la mañana y la presidenta seguía sin dar a conocer dónde vería el partido de México, pese a que el Fan Fest del Zócalo estaría abierto tras la negociación con la CNTE.
El área de Comunicación Social de Presidencia tampoco informó a la prensa el lugar en el que estaría Sheinbaum. Sólo cuando todos los reporteros estaban en el Salón Tesorería de Palacio Nacional personal de esa oficina comentaba que la mandataria ya estaba en camino al Deportivo Hermanos Galeana, en la alcaldía Gustavo A. Madero, sitio al que también llegaba gente que no tenía conocimiento de que la presidenta estaría ahí.
Se trató de un lugar que pudo garantizar que no hubiera protestas contra la presidenta. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, también de última hora se trasladó al mismo sitio.
Sheinbaum estuvo rodeada de funcionarios del gobierno capitalino, ninguno de su gabinete federal. Medios oficialistas dieron a conocer su llegada casi 15 minutos después del inicio de la ceremonia de inauguración; media hora más tarde la mandataria federal, vía sus redes sociales, hizo pública su asistencia al deportivo. La presidenta arribó con su playera de México, marcada con el número 26.
Arropada entre gritos de “presidenta, presidenta”, Sheinbaum aceptó tomarse fotos con asistentes, firmó playeras de México, agitaba una matraca, aplaudía y cantó solemnemente el Himno Nacional.

