marzo 7, 2026

Por: Belinda López
Por años, la UNTA de José Luis López Cepeda (hoy rebautizada como UNTAJL), presumió músculo social, cercanía con el campo y presencia política. Pero hoy atraviesa su peor momento. El simple hecho de haber tenido que cambiar su nombre oficial revela más que una estrategia administrativa: expone una ruptura profunda con la dirigencia nacional y una crisis interna que ya no puede ocultarse.

Y es que cuando el propio líder federal, Álvaro López, declara abiertamente que López Cepeda es “un pillo” que utiliza los apoyos federales y estatales para beneficio personal, el golpe no es menor. Es una deslegitimación directa desde el centro del movimiento, un mensaje claro de que la dirigencia nacional no está dispuesta a cargar con las acusaciones ni con el desgaste moral que Cepeda arrastra desde hace años.

La realidad en Coahuila es igual de cruda. Más de la mitad de su gente lo ha abandonado, migrando hacia otras organizaciones donde —según ellos— sí encuentran apoyo real sin cuotas obligatorias ni “pellizcos”. Incluso beneficiarios que antes se mantenían leales optaron por cruzar la calle, porque “en frente sí hay soluciones”. No es una metáfora; es la frase que muchos repiten a voz baja, con la resignación de quienes se cansaron de promesas rotas.

Hoy, la validez política de la UNTA Coahuila es mínima. Los funcionarios comienzan a entender el patrón: López Cepeda solo aparece para amenazar con bloqueos, huelgas o paros carreteros cuando quiere dinero. No hay agenda, no hay estructura, no hay trabajo real; solo presión, chantaje y un liderazgo cada vez más aislado que se sostiene únicamente por el ruido que puede generar.

Y si algo evidencia el deterioro interno es el episodio que muchos ya conocen: el día en que López Cepeda terminó golpeando en vía pública a uno de sus hombres de mayor confianza… con un trapeador. La imagen, más que ridícula, es simbólica. Si así trata a los cercanos, ¿qué pueden esperar los demás?

La caída de la UNTAJL bajo el mando de López Cepeda parece ya cuestión de tiempo. No por conspiraciones externas, sino por erosión interna, decisiones torpes y un estilo de liderazgo basado en el miedo y el beneficio personal. Las organizaciones que sobreviven son aquellas que se adaptan, se renuevan y mantienen credibilidad. La UNTA Coahuila, hoy, vive exactamente lo contrario.

José Luis López Cepeda puede seguir peleando por el nombre, por el sello o por las siglas… pero lo que ya perdió es más importante: perdió a su gente.

Y eso, en política social, es el principio del final.

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