junio 23, 2026

En política hay algo más cruel que perder una elección: dejar de importar. Y eso parece haberle ocurrido a Juan Carlos Villarreal. Quien alguna vez fue una figura cercana al poder en Saltillo, hoy ocupa un cargo menor y ve cómo aquel equipo político que lo acompañaba se fue apagando poco a poco, hasta quedar prácticamente en el olvido. Los operadores de ayer tomaron otros rumbos, las llamadas disminuyeron y las invitaciones a la mesa grande dejaron de llegar.

Los grillos cuentan que sus tiempos de gloria quedaron atrás. Aquellas aspiraciones de crecer políticamente se fueron diluyendo al mismo ritmo que su presencia pública. Hoy, sus recorridos ya no son por las colonias ni por los sectores donde antes buscaba respaldo; ahora, es más común verlo haciendo escala en bares y cantinas de la ciudad, donde al menos todavía hay quien le recuerde las anécdotas de los años buenos. Porque la política tiene memoria corta y es implacable: cuando se apagan los reflectores, muchos descubren quiénes eran sus verdaderos aliados. Y al parecer, para Juan Carlos, la fiesta política terminó hace tiempo, aunque algunos todavía sigan brindando por ella.

Los grillos cuentan que sus tiempos de gloria quedaron atrás. Aquellas aspiraciones de crecer políticamente se fueron diluyendo al mismo ritmo que su presencia pública. Hoy, sus recorridos ya no son por las colonias ni por los sectores donde antes buscaba respaldo; ahora, es más común verlo haciendo escala en bares y cantinas de la ciudad, donde al menos todavía hay quien le recuerde las anécdotas de los años buenos. Porque la política tiene memoria corta y es implacable: cuando se apagan los reflectores, muchos descubren quiénes eran sus verdaderos aliados. Y al parecer, para Juan Carlos, la fiesta política terminó hace tiempo, aunque algunos todavía sigan brindando por ella.

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